Para cuando subí al vagón y las vi, ya estaban sentadas juntas. La primera impresión, prejuicio mediante, fue que se trataba de una chica de la calle y una mujer bien, exponiendo desde primera hora al gran público del tren las dolorosas diferencias de nuestra sociedad. Cuando escuché que la señora bien vestida le pedía que identificara ciertas letras en el diario que la nena fingía leer dudé (barajé la posibilidad de que fueran tía y sobrina -hija de hermano hippie-, por ejemplo). Finalmente, cuando escuché que la señora le reclamaba a la niña, con tono maternal, que aun no conocía su nombre confirmé mi prejuicio.
La mujer de cara angulosa, ropa de calidad sin estridencias, anillo de casada en su anular, y de evidente cargo jerárquico en alguna empresa de capitales extranjeros, se mostró (contra mi pronóstico) tierna y dulce. Insistió en corregir algunos errores de la chica que declaró 6 anos y luego 5, y que, evidentemente, aun estaba aprendiendo los números. Festejó cuando la nena distinguió correctamente “esta es la z de zorro”. Luego, cuando pasaron a la sección de deportes, se registró la única divergencia seria: Maradona reclamaba una segunda oportunidad en la selección, y la nena cantó/gritó “Maradó, Maradó”. La señora no ahorro cara de disgusto y le dijo seria, “a mi no me gusta Maradona”. “A mi sí” retrucó la nena y volvió a corear su “Maradó, Maradó”.
Vuelta de página. Quien sabe por qué, el diario tenía una nota sobre los Picapiedras (su existencia estaba completamente exiliada al altillo de mi cerebro). La nena se fascinó con los dibujos y la mujer le explicó cómo se llamaba cada uno, Pedro, Pablo, Vilma y … Betty (ayudaron en simultáneo dos senoras que, como todos, miraban ese extrano encuentro). La nena rapidamente memorizó sus nombres, los repitió y ganó el aplauso de los pasajeros cercanos.
Al llegar a su estación la mujer saludo a la nena, pero fue un saludo seco, había sin dudas algo de dolor en las dos frente a esa despedida. Había también dolor en los que estábamos cerca. La mujer se llevó el diario.
Yo también bajé, inundado de una sensación amarga: cuántas vidas hay boyando por ahi? Cuánto dolor y abandono? La muestra gratis de contención, habrá sido beneficiosa o simplemente reveladora de una carencia insustituible?

Excelente entrada. Muy centrada y llena de una dulce mirada de periodista de la realidad. Son viñetas de lo cotidiano que nos hacen recordar que no por reiteradas hay que aceptar ciertas injusticias de la realidad.
ResponderSuprimirUn abrazo.
ay! y por qué aceptarlas, así, sin más? La realidad es esa, okey... pero no se puede hacer nada para cambiarla?
ResponderSuprimirLa niña sólo tendrá que esperar a otra vieja cheta con onda para recibir una nueva clase? No debería poder ir a la escuela sin tener que mendigar en el tren, monedas, cariño?
le tengo que decir una vez más que su entrada está muy buena?
Es esa doble sensación de ternura y tristeza todo en uno.
ResponderSuprimirYo nunca logro manejarla del todo bien.
Algunos anulan la tristeza y otros la ternura, nunca puedo desprenderme del todo de alguna...
Otra muestra de que lo que falla en esta sociedad somos los integrantes y no las instituciones.
ResponderSuprimirHoy cualquiera puede ir a una escuela porque se dan todas las facilidades para que lleguen y para que se queden, pero el entorno de esa nena, hecho de gente, no le permite hacerlo.
O porque la mandan a trabajar, o porque la dejaron sola y los que tiene alrededor no le dan el mejor ejemplo.
Cosas como esas no suceden en comunidades chicas, porque siempre habrá quien le tienda una mano a un necesitado y mucho más si son chicos, pero las grandes ciudades inmunizan a todos con el virus de "no te metas".
Triste, pero un aplauso para la señora.
en la fibra de la fibra
ResponderSuprimirhas tocado eso que me pasa
cuando veo algo socialmente
detestable...
perdón por la tardanza
perdón de parte de todos por esta sociedad
creo que todos tenemos un poco de responsabilidad
nanoNano SALcito
Hola SAL:
ResponderSuprimirHay una muestra de ambigüedad, alegría y tristeza.
Estamos llenos de esto, a veces nos disgusta y nos da bronca.
Me gustó, escribís muy bien.
Puedo seguirte el tren?
Increíble!
ResponderSuprimirEn parte también demuestra como lo tierno da alegría y que siempre puede nacer un poco de alegría a pesar de toda tristeza
Buen finde!!
Gracias a todos por pasar! Ojalá, aunque sea un poquito, logremos mejorar la realidad.
ResponderSuprimirCrónicas... ya estás arriba, ahora agarrate, y a leer.
Me gusta leer.
ResponderSuprimirSonaste.
Muy bueno! ... me gustan las historias sencillas de cuestiones cotidianas... profundas...
ResponderSuprimirTe invito a pasar por mi blog que, en algún punto (aunque más bien resulta un total variete), comparte algo de todo esto...
www.sambola.com.ar
Te espero, te mando un abrazo y una nueva felicitación!
muy bueno el blog, me gusto mucho, saludos!
ResponderSuprimirNo te conozco, pero cuán efectiva puede ser una semblanza (de la pobreza, de la desigualdad, y a pesar de eso del acercamiento entre seres tan diferentes) cuando el vehículo es de tono literario, levemente ficcionado. Me gustó mucho.
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