jueves, 3 de mayo de 2012
La agenda
lunes, 23 de abril de 2012
Un rey elefante colado en el tren
Parte el rey con buen talante
y elude el hambre africano,
cien mil euros de arma en mano
se le anima al elefante.
De la tierra devastada
vuelve el rey con mal talante,
y pide perdón arrogante
con su cadera enmendada.
No es el rey el que esta viejo
ni su osamenta partida,
vieja está la monarquía
que habrá que mandar bien lejos.
- “… y tu ¿por qué no te callas?”
quizá me increpe el abuelo,
no callo porque no quiero
y observaré donde vayas.
Recitado y con imágenes de NaCe en
http://www.youtube.com/watch?v=XvbgZ7i2KYo
martes, 17 de abril de 2012
Cofradía de los talleres
Roberto se duerme, sueña un rato, abre un ojo, todavía falta. Roberto se duerme nuevamente, el día fue agotador, la noche anterior un desastre de exigencias domésticas que el tren, acunándolo, le hace olvidar.
El tren llega al destino final para partir nuevamente. Pero su rutina de desandar lo andado se frustra cuando un megáfono anuncia que esa formación “por problemas técnicos será desafectada del servicio”. Roberto, entonces, sueña profundamente.
La gente que baja se aleja y la que se disponía a subir refunfuña con ganas y corre hasta el tren que lo sustituirá, con el ánimo de conseguir un asiento. El andén deviene en un páramo.
Roberto duerme con la boca abierta, babea un poco, y empieza a roncar. Su presencia es de una evidencia tal que solamente puede pasar desapercibida para el guarda que realiza el control de rutina, en contra de toda buena práctica, recorriendo la formación por afuera, mientras come un pancho que mangó, y discute de futbol, a grito pelado, con el policía apostado en la cabecera del anden.
…
Roberto despierta, pero todo es oscuridad, no acredita lo que le ocurre, se desconcierta, no reconoce el vagón, grita, aúlla, es un animal desesperado que solo escuchan unos adolescentes que, tras mucho deliberar, se autodenominaron la “cofradía de los talleres” e incursionaron, por primera y última vez, en los sitios donde reparan (apenas si recauchutan) los trenes, para desmitificar la presencia de fantasmas. De allí saldrán corriendo, renunciando a su idea original, y llevándose material para construir la leyenda del fantasma Tito.
miércoles, 21 de marzo de 2012
Dado vuelta estás vos
A su vista aparecen calvicies, canas, raíces negras.
Paisaje variopinto el de este ser que no se bajará en la terminal, ni enfilará obediente para la oficina.
sábado, 25 de febrero de 2012
tren bala
miércoles, 8 de febrero de 2012
Era de la no pasión
En primer lugar, el asombro. Luego, la necesidad de airear la vista mirando alrededor, para volver a focalizar en el episodio.
Una vez aceptado que ocurre aquello que se quiso negar, deviene un estado adrenalínico que en los primeros segundos, paradójicamente, se manifiesta en parálisis, en mera observación.
El cuadro muestra un cuerpo sobre el andén, replegado sobre sí mismo. Los brazos que cubren el rostro ceden cuando un puntapié impacta con fuerza en el abdomen y abren paso a un castigo en la cara.
Las piernas diestras de los tres cuerpos de pie golpean insistentemente al caído. Hay goce en esos rostros que captan el efecto que la fuerza de sus golpes causa sobre la materia echada: tejidos cediendo, ligazones que se rompen, sangre que brota al exterior.
Ese goce animal, disociado de los motivos del ataque, se remonta a otras épocas, hay en él, supervivencia, selva, lenguaje incipiente, herramientas rústicas, machos alfa, dominio.
El contexto actual lo rodea de una estación de tren, de pasajeros acongojados que comentan un presunto ataque a la propiedad privada (aunque sin ponerse de acuerdo sobre si el golpeado era víctima del robo o quien lo tentó y recibió venganza). Por fin llegan dos policías con barriga flanosa tratando de atrapar a sus presas en un renovado ataque.
Lo trascendente es que, por ahora, somos cautivos de esa violencia grabada en nuestros genes, en lo que queda de instinto.
Me apasiona pensar que existe una carrera entre un final anunciado (que nos matemos todos) y una época distinta, en la que los avances tecnológicos nos conduzcan a una conciencia sin cuerpo, a la “era de la no pasión”.
miércoles, 7 de diciembre de 2011
Retiro (espiritual)
El sol pegaba en el andén, y la mañana parecía mediodía. Pero al llegar, el tren nos recordó que era una mañana más y que cientos de transpirados nos movilizábamos a nuestros trabajos, copando los vagones a más no poder.
De algún lado apareció un fulano en silla de ruedas, tetra-brick de vino en mano, que subió intempestivamente. El guarda le dijo algo por el atropellado modo de ingresar. Él le contestó con más atropello. El guarda replicó diciendo “si quiero no te dejo viajar con el vino” y recibió una catarata de insultos del fulano. Fin de la trifulca: lo dejó viajar.
El fulano en cuestión inició varias conversaciones. En un momento le habló a una chica joven de camisa cerrada hasta el último botón. No recuerdo de qué modo habló al inicio, pero generó que ella le dijera que se iba a ir al infierno y, acto seguido, sacara una revistita de su mochila para invitarlo a leer la palabra de dios.
Él se negó rotundamente, blasfemando. En ella se encendió una luz de alarma y reforzó su intento, por cierto vano, diciéndole que no abusara de su posición. El, harto, le dijo que al bajar sabría lo que es un verdadero abuso. Ella contraatacó y le dijo, evidentemente dios sabe porque te dejó así.
Él no dijo nada; varias señoras, en cambio, retaron fuertemente al aparato de propaganda, sino de dios, de alguna iglesia de por ahí. El tren estaba entrando en la estación Retiro y el fulano en la silla, tras dos buenos tragos de vino, gritó: “Señores: Retiro”, hizo una pausa de dos segundos y agregó “espiritual”.
miércoles, 16 de noviembre de 2011
Kiosco FMI
He visto en estos años crecer el asentamiento, acercarse a la vía, al punto de que algunas ventanas reciben el viento originado en el paso de los vagones.
Durante años levanté la vista de mis libros, para satisfacer la curiosidad de conocer un mundo tan cercano geográficamente, y tan ajeno.
Supe que la chica que vivía en la casilla con techo de chapas naranjas -¿de dónde las habrá sacado?- se llama Emilia, desde que hizo de su cuarto un kiosco: el “Kiosco Emi”.
No pocas veces me angustié al ver a chicos corriendo en algún playón, jugando y riéndose. Qué contradicción ponerme triste al verlos contentos.
Es que no podía dejar de pensar que ese rato es una isla en un mar de hambre, enfermedades prevenibles y violencia, y que en el horizonte hay un futuro pobre.
También es curioso angustiarse por un hipotético futuro pobre de otros, cuando mi presente de bienestar material, es una suma de desdichas.
Hoy me llevé una sorpresa, al ver que la pared de la casa donde funciona el kiosco había tenido algunos retoques de pintura. La leyenda de letras negras que promocioanaba el kiosco seguía ahí, pero quizá por un exceso de brocha gorda, o quizá por una política de expansión y diversificación de actividades de los organismos multilaterales de crédito, el frente de la casilla de techo de chapas naranjas da cuenta de que, ahora, el establecimiento se llama “Kiosco FMI”.
¿O será que muestran con orgullo las obras que sus políticas contribuyeron a construir?
viernes, 4 de noviembre de 2011
aprendiendo a contar
-UN café
y 2 medialunas.
-La promo con 3 cuesta lo mismo, me aclaró el mozo.
Dudé unos 4 segundos y acepté.
Lo terminé en 5 minutitos (así chiquitos, apurados) y quedé atragantado…
… y culposo por la nueva contribución a los 6, 7, 8 —quién sabe cuántos exactamente— kilos de más.
Era un 9 de julio,
y a las 10 de la mañana
la plaza ONCE parecía un desierto.
Salí del bar y tomé el Sarmiento y al ritmo del tren leí el Página 12,
sólo por 13 minutos, que es lo que tardó en llegar a Flores.
Hacía 14 años que no volvía al barrio de mi primera novia.
La conocí cuando tenía 15,
pero me hizo esperar hasta los 16.
Ya no vive en la casona de Terrada 17,
la vendieron como terreno y ahora hay un edificio de 18 pisos (con amenities).
Nos sentamos en un banco de la plaza: me cuenta que su hermanito chiquito ya tiene 19 ¡cómo pasa el tiempo!
Resistí 20 minutos de escucha y fui al grano:
-facebook es el facilitador sexual del siglo
¿Estás loco? me contestó; y por eso, ahora estoy en esta inmunda casa de juegos de Flores apostándole al 22.
Aquí freno con este ejercicio tonto; quizá hubiera sido más apasionante un final con 69, pero no se contar tanto.
lunes, 17 de octubre de 2011
Sometimiento
Desde que la hija de mi vecino sabe que su padre será padre nuevamente, se la ve ejerciendo un sometimiento extra sobre su, hasta ahora, exclusivo progenitor.
Temprano a la mañana, cuando es llevada a su jardín, ya no camina más, va montada a babucha -se que hay quienes dicen “cococho”, pero me suena imposible de concebir-, haciendo del poco pelo del papá, a la vez, riendas y pañuelo, y obligándolo a cantar: “en un vagón, cargado de sandías…”
lunes, 3 de octubre de 2011
Alejo Amarantes
Los Amarantes eran la familia bien (bienuda/cheta) de la escuela primaria en donde estudié. Era una escuela pública de un barrio de clase media, con lo cual, ser la familia bien de la escuela tampoco era tanto.
Nunca tuve onda con los Amarantes, quizá porque les encantaba mostrar su posición económica. De Alejo, mi compañero de grado, no tuve más noticias desde que terminé la primaria.
Pero hoy, viajando en el tren, vi un sticker de publicidad. Uno de esos modestos avisos que pegan profesores de inglés o matemáticas y que usan también algunas bandas de rock para promocionar su existencia, en el que estaba el nombre de mi ex compañerito.
Evidentemente, seguía intacta su valoración por sí mismo. Bien grande, en letras negras de imprenta mayúsculas, sobre fondo blanco, se leía su nombre. Más abajo un texto que, debo admitir, me causó a la vez, indignación y placer. Indignación porque estaba lucrando con gente desesperada. Placer, porque él hubiera querido el living de alguna conductora de televisión para promocionar su actividad y debía conformarse con estos papeluchos.
Debajo de su nombre se leía “magia blanca y magia negra, trabajos por teléfono” y, luego, “Señor Pablo” y datos de contacto. -Se ve que no pierde las mañas, hasta secretario tiene, me dije.
Quise un instante más de placer, quise volver a ver el nombre de mi agrandado compañerito en tan tercermundista vidriera y me di cuenta de mi estupidez: ALEJO AMANTES! ALEJO AMANTES!
martes, 20 de septiembre de 2011
Asistencia (im)perfecta
En esa caminata de Damián, la luz del día ya era un proyecto que comenzaba a cobrar fuerzas y, con ello, el tintineo rojo de la luz de la señal contigua a la barrera a media asta, ya no resaltaba tanto.
Los hornos de las panaderías inundaban con su olor la caminata.
No llovía, pero las veredas estaban mojadas por la temprana pulcritud de los porteros.
Una masa verde se adivinó por el rabillo del ojo de Dami, ese cuerpo motorizado -con cuerpos arriba- pasó veloz, y se entrometió en el ángulo de 45 grados, formado por calle y barrera.
Pero en el dibujo de esta historia había tres dimensiones. Y desde la profundidad brotaron dos trenes, que interrumpieron sus rectas al impactarlo.
El estruendo fue total, un solo ruido.
Pero luego, inmediatamente después, se hizo un silencio absoluto, Dami quedó aturdido, pero notó ese silencio, un instante en el que el mundo se detuvo.
Poco después, ya no queda rastro del olor a pan, ni del silencio. Comenzaron los sonidos caóticos de todo accidente: gritos, llantos, sirenas, sierras, helicópteros, voces turbias de periodistas, políticos, abogados, testigos -genuinos y falsos-, familiares, etc.
miércoles, 24 de agosto de 2011
un Savio
Para desandar los 300km que separan Buenos Aires de Rosario, opté por el tren, aprovechando que existe esa alternativa. Después de muchos años de abstinencia, me entusiasmaba subir a un tren de larga distancia (bueno, no taaan larga; pero en ciertas circunstancias trato de ser generoso con la longitud que asigno).
Descarté el servicio de una de las dos empresas que van a esa Ciudad porque escuché que era "horrible" y compré boletos para el de la otra, que solo me lo habían referenciado con el término "zafa", en simultáneo con una cara de asco moderado –como la de quien caminando por la calle evita pisar caca de perro y conjuga la repulsión por el desecho animal con la satisfacción de no haberlo adquirido de suela—.
El plan parecía perfecto, el tren salía de Retiro el viernes a las 20:35 y llegaba, tras seis horas y media, el sábado a las 03:05 (mi primo me esperaría en la terminal para pasar por algún boliche antes de dormir). La vuelta llevaría un poco más, casi 8 horas, pero el cansancio del fin de semana me permitiría dormirla íntegra. Para regresar, el tren parte de Rosario Norte el domingo a las 23:51 y llega a Retiro a las 07:33 del lunes, justito para pasar por casa, ducharse e ir al trabajo.
Ya en el tren, me puse a leer un artículo sobre una locomotora, llamada “La emperatriz”, que lleva el Nº 191 y que arrastró, entre tantos otros coches, varios que transportaron a presidentes argentinos. Esa locomotora, supo contar con el recordado maquinista Savio a su mando y, aun hoy, restauración mediante, sigue tirando vagones en las maltratadas vías argentinas.
En un momento el relato se remonta a 1926, fecha en la que tuvo lugar, por primera vez, el cruce del Océano Atlántico en hidroavión. En la cobertura de esa noticia competía el diario de los Mitre con otro de Rosario, llamado La Capital. A los de La Nación, entonces, les dio por tramar un plan para llegar con sus ejemplares a primera hora a la Chicago argentina, y fletaron un tren de madrugada.
Pero cuando un desperfecto técnico en la locomotora de esa formación diariera le impedía partir, y ya habían ocurrido dos postergaciones que parecían relegar al periódico de la Ciudad de Buenos Aire, apareció en Retiro La Emperatriz, al mando del maquinista Savio. Aunque tenían previsto otro viaje, se los envió a Rosario, como última esperanza para la proeza. Había que estar a las 7 de la mañana.
No pararon en las estaciones intermedias, limitándose a bajar la velocidad y arrojar los fajos de diarios desde los furgones. Así, pudieron llegar a tiempo, pese a haber partido a las 3:39 AM (tiempo total: 3 hs y 21 minutos, poquito más de la mitad de lo que insume el viaje hoy, 85 años después). Fue récord sudamericano de velocidad, hasta el día de hoy no fue batido.
Terminé el relato, se sentía al tren avanzar despacio, como un chico que está aprendiendo a caminar, inestable, apoyando inseguro. Me puse a llorar.
Cuenta la leyenda que en los sesenta, el mismo día que murió Savio, la caldera de la 191 colapsó y dejó de funcionar, hasta su reciente recuperación.
lunes, 8 de agosto de 2011
La Casualidad
Ocurre que Osvaldito (nadie lo llamó Osvaldo desde su muerte) y “el tano” murieron poco después de haber dejado a Julia por otra.
Osvaldito era el mejor nadador del pueblo, pero sufrió un calambre y el río lo tragó.
El tano, un eximio conductor de sólo 24 años, promesa para el turismo pista regional, perdió estabilidad en la curva y su cuerpo se enrolló entre hierros.
En las confiterías de esta Villa Cualquiera, esos destinos eran atribuidos a las malas artes de Julia que, se comenta, tendría ciertas facultades.
Pero Ramiro no tuvo miedo y caminó con Julia; se dejaron ver por el pueblo y luego se alejaron por las vías que, pasado el carguero, no tendrían más tránsito que el de sus cuerpos.
Ramiro le habló y la tomó de la cintura. Le dijo que si tenía que morir quería que fuese así, abrazado a una mujer, echado sobre unas vías desiertas, en el silencio de un pueblo fantasma.
Al llegar el verano Ramiro le dijo adiós a Julia y viajó a Salta con Irene. Después de dejar la estación de Caipe, el tren a las nubes se detuvo por desperfectos en el medio de la puna desértica, ningún pasajero debía bajar de la formación, pero Ramiro no hizo caso y se alejó demasiado. Irene, entre reproches y temor, se alejó con él.
Sopló un viento atroz, carente de todo oxígeno. Las cabezas retumbaron hasta casi estallar, las manos en las orejas y los codos en el pecho no servían de suficiente protección. Una ráfaga endemoniada los hizo girar una y mil veces, y después los tiró al piso. Cuando pudieron incorporarse no encontraron ni el tren, ni las vías.
Tras 14 horas de caminar, dormir algo, y sobrevivir por instinto, ya con el cuerpo congelado y la garganta sedienta como nunca, se alegraron al ver la salvación a pocos pasos.
El júbilo duró lo que una gota en ese desierto, y fue sustituido por el terror más visceral. Un cartel indicaba que el pueblo se llamaba “La Casualidad” y otro indicaba que a 25 km se ubicaba la “Mina La Julia”, pero ningún cartel hablaba de la inexistencia de habitantes, ni de la decisión de dejar de producir azufre para comenzar a importarlo, ni del abandono del pueblo que tuvo 2.000 almas y un cine a 4.000 mts de altura.
Ramiro e Irene llegaron a las vías que se usaban para bajar el producto de la mina al pueblo ahora fantasma, y con sus últimas fuerzas se abrazaron.
martes, 2 de agosto de 2011
El Sr. Morales
Los coloridos rectángulos florecen día a día, llueva o haga frío polar. Hechan raíces en semáforos, refugios para esperar colectivos, teléfonos públicos. Las estaciones de tren son, como todo el centro en general, campo fértil para esa primavera de oferta carnal.
Al Sr. Morales lo vi únicamente hoy cuando baje del tren, y me alcanzó para saber que su tenacidad en la cruzada que libra solitariamente es tan fuerte como la del enemigo que enfrenta por ocupar la marquesina.
El Sr. Morales movia energico sus brazos, arrancando, estrujando y finalmente tirando al piso esas flores del papel. En su ponderación de bienes, está claro, vale mas evitar la renta de un cuerpo que preservar la higiene urbana.
lunes, 18 de julio de 2011
Cerca del 9 de julio
Era, para mi, uno de esos días en que mandan las obligaciones y mi cuerpo, obediente, se queda depositado en su lugar de trabajo hasta entrada la tarde noche.
El frío era único protagonista de unas calles ya desiertas. En la estación, las luces poco potentes no alcanzaban para iluminar por completo a algunas almas en pena.
En un puesto de la estación, en penumbras, un granadero comía un pancho coronado por papas fritas. Ensimismado, disfrutaba de su momento. La comida aliviaba por igual al estómago y a la temperatura corporal, era evidente en sus gestos. Por fin, un momento en el que era dueño de su destino, sin órdenes de la superioridad, sin venias, sin niños tentándolo a renunciar a su postura firme.
Subí al vagón y me aposté al costado de una de las puertas, ya no quedaban asientos. Antes de partir, subió el granadero y se situó enfrente (destino que manda estar parado).
Su traje obsoleto, más propio de una fiesta de disfraces que de un humano en combate, había formado pelotitas en la tela. El mango del sable (eso debe tener un nombre específico) era de un dorado plástico, similar al de los gatos chinos que mueven su brazo delantero izquierdo incesantemente.
El tren siguió su marcha y pasamos al costado de un club en el que muchos chicos bajo cero se ejercitaban al ritmo del rugby. Le dije –deberíamos cruzar la cordillera del terraplén y liberarlos. Pero ambos estábamos cansados y a él solo le quedaron fuerzas para una sonrisa de compromiso.
jueves, 9 de junio de 2011
oda al tercer riel
o tercero de tres
cola de perro.
La tercera es la vencida,
y la tercera edad
es víspera de muerte.
Tercera semana en cartel
-si es nacional-,
es película exitosa.
Y tener que verla
en tercera fila,
es que no queda otra.
Hay un tercero en discordia,
o ¿por qué no?
una tercera, en femenino...
…esa tercera persona,
¿es del singular
o del plural?
A veces hay
terceras chances,
(monumento a la perseverancia).
Conozco un tercer hijo
que, incluso,
cree que fue buscado.
Hay una tercera vía
que no es de trenes,
entre el capitalismo y “El capital”
Y estás vos,
tercer riel,
que sí sos de este blog.
Tercer riel:
tu ordinal es engañoso,
porque vales por primero.
Los dos que te precedieron
ya no saben estar solos,
y chupan tu energía irremediablemente.
miércoles, 1 de junio de 2011
¿con quién estabas?
No soporto volver a mi casa, no quiero verla a ella, y entonces camino hasta llegar a la vía, buscando algún riesgo. Pero solo encuentro un niño que insinúa estar dispuesto a todo y me pide plata.
Me estremece la situación: su oferta amplísima, la evidente necesidad de hacerse de algo de dinero, la evidente necesidad de tener mucho más que algo de dinero.
Gasté mucho en whisky, y solo veinte pesos en tranquilizar temporalmente mi conciencia; más tarde me reprocharía tal distribución de los recursos.
Al darle la plata le digo que no quiero nada. Luego, cuando él ya está bajando el terraplén, cambio de discurso: “contame un cuento”, le digo y cuando termino de decirlo, me siento absurdo.
Él, sin mostrar desconcierto, mira al cielo y me dice:
“La luna está llena,
está llena de comida”
No dice más, y se aleja.
Dudo, ¿escuché algo muy lindo, o estoy sobrevalorando por efecto del alcohol?
Me resigno y vuelvo a casa. Ella me pregunta ¿a dónde fuiste, con quién estabas?
No le digo nada, igual no me creería.
viernes, 20 de mayo de 2011
Pata de fierro
Alguien tomaba una malta en ese living. Alguien bastante mayor que yo. Alguien a quien mi presencia quizá molestara. Pero a mi no me importaba, total, le gustara o no, yo dormiría con su hija esa noche. De todos modos, el tipo era gentil y me ofreció una malta que acepté. Mi visión se tornó algo alucinatoria.
Nadie hablaba en la sala y el zapping se detuvo en un mazo de naipes. Del otro lado de la pantalla una sola mano dijo "no se puede hacer más lento", y lo hizo de modo glorioso.
Horas después le dije a ella que si teníamos un hijo, le quería poner René, y ella se río. Yo hablaba en serio. No tuve hijos con ella.
Hoy busco desesperadamente saber si René Lavand planifica algún show y encuentro una nota sobre él. Vive en Tandil y da clases de ilusionismo en un vagón de tren, que se llama "pata de fierro". Pienso que podría dar esas clases en cualquier salón, pero eligió un vagón de tren. Ese tipo tiene algo especial.
miércoles, 4 de mayo de 2011
Amores brutos
lunes, 2 de mayo de 2011
Oblogo recargado
sábado, 23 de abril de 2011
La traición de José María
Pero ese ensalsamiento encerraba un bajo fondo. Su relato publicitaba el inicio de un proceso que vaciaría, también a esa tierra, de contenido.
Hoy la llanura que la une con la Santa María de los Buenos Aires llora un llanto lluvioso. El proceso ya no necesitó del relato de José María y hasta se profundizó por elección popular. Parte de sus consecuencias: ya no hay tren que cruce esa fecundidad. Las vías solo son cicatrices, y en las venas sustitutas chocan los camiones de la muerte.
La estación Belgrano de la Santa Fe es, paradojicamente, un cadaver hecho y derecho. Su esencia se perdió irremediablemente, y su cuerpo fue maquillado para que lo velen. Que ironía hiriente, reciclar el edificio para que ya no salgan trenes.
